Por Gonzalo Fornás.
Hace unos meses, trasteando por Internet, descubrí por casualidad que se comercializaban espectrómetros para astronomía a precios razonables. Siempre había pensado que este tema era inaccesible para un equipo casero, pero resulta que por poco más de 100 € me hice con una red de difracción con la que he podido jugar un par de noches con el telescopio y he pasado unas cuantas horas leyendo e intentando entender algo más sobre espectros.
La luz es una parte, que nos es muy familiar, de la radiación electromagnética. Sin embargo, hay otras formas de radiación electromagnética (EM), tales como los rayos X, ondas de radio y "luz" ultravioleta e infrarroja. Todos juntos, estos diferentes tipos de radiación electromagnética forman el espectro electromagnético. La diferencia entre uno y otro tipo es su frecuencia (o su longitud de onda, que no es más que el resultado de dividir la frecuencia de emisión por la velocidad de la luz). Y cuanta mayor es su frecuencia, mayor es la energía de sus fotones.
Cada sección del espectro electromagnético (EM) tiene distintas frecuencias. Los rayos gamma tienen los fotones más energéticos, las longitudes de ondas más cortas y las frecuencias más altas. En contraste, las ondas de radio tienen la energía más baja, las longitudes de ondas más largas y las frecuencias más bajas que cualquier otro tipo de radiación (EM). En orden de energía, de mayor a menor, las secciones del espectro electromagnético (EM) se llaman: rayos cósmicos, rayos gamma, rayos X, ultravioleta, luz visible, infrarrojos y ondas de radio.

Figura 1. El espectro electromagnético